La cultura japonesa está llena de color y vida, un hecho que se refleja en su vibrante paisaje y en su arquitectura impactante. Durante siglos, la naturaleza ha sido la piedra angular del patrimonio japonés. La temporada de floración de los cerezos es un momento de alegría y celebración: el renacer de la Madre Naturaleza. Es un fenómeno hermoso, pero fugaz. La total imprevisibilidad del momento es lo que lo hace tan encantador… Estos elementos naturales están profundamente entrelazados con la cultura japonesa y ambos sirvieron como fuente de inspiración para nuestra colección Kimono.